Un hallazgo accidental en las profundidades del Palacio de Justicia argentino desató una investigación de escala internacional. Durante obras en el subsuelo del edificio de Talcahuano 550, sede de la Corte Suprema de Justicia en Buenos Aires, obreros encontraron siete cajas de madera repletas de documentos vinculados al partido nazi en Argentina, algunos con casi 85 años de antigüedad.
Lo que parecía una obra menor, parte de los preparativos para el futuro Museo de la Corte, se convirtió en uno de los descubrimientos más impactantes de los últimos tiempos sobre el pasado nazi en Sudamérica. Dentro de las cajas, originalmente utilizadas para transportar champagne Crillón, se hallaron carnés de afiliación al partido nacionalsocialista, pasaportes, fichas con nombres y números, fotografías en blanco y negro, sobres con documentos escritos en alemán y material de propaganda nazi con símbolos como la esvástica y frases de exaltación hitleriana.

Una de las piezas más inquietantes incluye presuntas firmas de Adolf Hitler, aunque esto aún está bajo análisis pericial. En conjunto, el material parece reconstruir una estructura de militancia organizada del nazismo en Argentina, con vínculos con su rama internacional y una narrativa ideológica clara: expandir el pensamiento nacionalsocialista en América Latina.
La historia detrás de las cajas
El viaje de estos documentos se remonta al 20 de junio de 1941, cuando 83 bultos llegaron al puerto de Buenos Aires a bordo del barco japonés Nan-a-Maru. El remitente era la embajada alemana en Tokio, que los declaró como «elementos de uso personal» destinados a su personal diplomático en Argentina. Sin embargo, un grupo de funcionarios de Aduana, alertado por la magnitud y el peso del envío —casi 700 kilos— decidió frenar su entrega.
Lo que siguió fue una tensa pulseada diplomática entre Alemania y Argentina, que entonces sostenía una postura oficial de neutralidad en la Segunda Guerra Mundial. La documentación quedó bajo investigación de la Comisión Especial Investigadora de Actividades Antiargentinas del Congreso, liderada por el diputado radical Raúl Damonte Taborda. Al abrir algunas cajas, la comisión detectó material que consideró “lesivo para la democracia” y solicitó su incautación judicial.
El expediente llegó en septiembre de 1941 a manos del juez federal Miguel Luciano Jantus, quien decidió preservar los documentos en cajas de madera más resistentes y derivar la causa a la Corte Suprema. Y allí, en algún rincón oscuro del subsuelo, quedaron olvidadas durante más de ocho décadas.
Una investigación en marcha
El hallazgo de los documentos fue confirmado por el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, quien ordenó su preservación inmediata. El material fue trasladado al cuarto piso del Palacio de Tribunales, a una sala especialmente acondicionada con cámaras de seguridad y custodia policial.
La investigación está en manos de un equipo interdisciplinario que incluye a historiadores, archiveros y expertos en justicia federal. El Museo del Holocausto de Buenos Aires también participa del proceso, que podría arrojar nuevas luces sobre la red de apoyo logístico, financiero e ideológico del nazismo en Argentina. De hecho, se investigará si algunos de los nombres hallados en los documentos corresponden a afiliados con cuentas en bancos suizos, según investigaciones previas del Centro Simon Wiesenthal.
“Este hallazgo no sólo es importante para reconstruir la historia del nazismo en la región, sino también para entender cómo operaban estas redes de propaganda y financiamiento desde América del Sur, incluso con el aparente amparo de ciertas estructuras diplomáticas”, explicó una fuente vinculada a la causa.
Silencio, olvido y memoria
Tras el golpe militar del 4 de junio de 1943, la Comisión Investigadora fue disuelta. El nuevo gobierno, más complaciente con los intereses del Eje, desarticuló las causas iniciadas por el Congreso. Así, los documentos cayeron en el olvido institucional hasta su reciente redescubrimiento.
El valor simbólico del hallazgo es inmenso: en pleno centro del poder judicial argentino, dormían pruebas que podrían reconfigurar parte del relato sobre la presencia nazi en el país, sus vínculos con estructuras locales y su posible colaboración con redes internacionales de encubrimiento y fuga, como la célebre ratline.
Hoy, 84 años después, esas cajas de champagne revelan un contenido mucho más amargo. Y el subsuelo de Tribunales, ese lugar frío y ajeno, vuelve a hablar.




