Julio César Strassera nunca imaginó que la historia lo colocaría en el lugar decisivo de su vida: ser el fiscal del Juicio a las Juntas. En octubre de 1984, a los 51 años, fue designado para llevar adelante la acusación contra los responsables del terrorismo de Estado. Un año después, el 18 de septiembre de 1985, en el cierre de su alegato, pronunció una frase que se volvería emblema de la democracia argentina: “Señores jueces: nunca más”.
Un juicio inesperado
De acuerdo al ordenamiento jurídico de la época, debía ser el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas el que juzgara a los responsables. Pero la negativa de ese tribunal obligó a que la causa pasara a la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal, un tribunal civil.
Así, Strassera quedó al frente de la acusación. Su equipo se apoyó en el informe Nunca más de la Conadep, que documentaba con testimonios de sobrevivientes y familiares los secuestros, torturas y desapariciones.
Un equipo joven y aislado
El fiscal estaba prácticamente solo en Tribunales. Nadie quería cargar con semejante responsabilidad en un país donde las Fuerzas Armadas seguían siendo poderosas. Sin embargo, Strassera encontró apoyo en un grupo de jóvenes, entre ellos Luis Moreno Ocampo, quien se convirtió en su fiscal adjunto.
La estrategia fue clara: seleccionar casos paradigmáticos que demostraran que existió un plan sistemático de represión ilegal. La acusación partió de más de 700 casos, de los cuales el tribunal tomó cerca de 300.
Amenazas y respaldo político
Las amenazas no tardaron en llegar: sobres con balas, mensajes anónimos y un clima de intimidación permanente. Raúl Alfonsín ofreció garantías y respaldo institucional para que el juicio avanzara, pese a los intentos de suavizar las acusaciones.
El horror en primera persona
El 22 de abril de 1985 comenzó formalmente el juicio. Cuando Adriana Calvo de Laborde, secuestrada y torturada en 1977, relató cómo había dado a luz encapuchada en un auto, la fiscalía supo que la condena era posible. Su testimonio fue una de las piezas más contundentes contra las Juntas.
El alegato histórico
Para el cierre, Strassera contó con la colaboración del dramaturgo Carlos Somigliana, quien aportó la dimensión poética y épica a un discurso con raíces jurídicas pero también profundamente humanas. Citó a Dante en La Divina Comedia y advirtió:
“Este juicio y esta condena son importantes y necesarios para la Nación Argentina. (…) A partir de este juicio nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido, sino en la memoria; no en la violencia, sino en la justicia”.
Y finalmente, renunciando a toda pretensión de originalidad, cerró con la frase que trascendió al tiempo:
“Señores jueces: nunca más”.
La condena y el legado
El tribunal condenó a los ex comandantes Videla, Massera y Agosti, entre otros. La justicia civil dejó sentado un precedente único en el mundo: un país juzgaba a sus dictadores apenas dos años después de recuperada la democracia.
Con la ayuda de un dramaturgo, con el eco de una frase que había nacido en el gueto de Varsovia y con el respaldo de los testimonios de las víctimas, Strassera inscribió su nombre en la historia argentina. A 40 años, su alegato sigue siendo el símbolo de una democracia que eligió la memoria y la justicia frente al horror.




