El oficialismo nacional sufrió un fuerte revés electoral a pocas semanas de los comicios del 26 de octubre. Diversos factores explican este traspié: las denuncias que salpican a Karina Milei en un caso de presunta corrupción, la escasa presencia territorial y una estrategia deficiente en la construcción de acuerdos dentro de la provincia de Buenos Aires.
La campaña bonaerense tomó por sorpresa a La Libertad Avanza. El espacio selló una sociedad con referentes del PRO como Cristian Ritondo y Diego Santilli, pero el camino quedó condicionado por dos episodios que golpearon de lleno al oficialismo: el escándalo por el fentanilo adulterado y los audios de Diego Spagnuolo, ex director de la ANDIS, con vínculos directos con el entorno presidencial.
La intención de trasladar la discusión provincial al plano nacional terminó jugando en contra. El caso Spagnuolo se instaló en la agenda pública y desplazó el tema de la inseguridad, que Milei buscaba imponer como eje central. El intento de reposicionar ese debate nunca prosperó.
En paralelo, Sebastián Pareja avanzó con un esquema electoral centrado en el conurbano, especialmente en la Primera y Tercera sección. Sin embargo, los resultados fueron incluso peores que los obtenidos en 2023, cuando Carolina Píparo había sido candidata a gobernadora. En contraste, distritos con fuerte presencia opositora como la Segunda y Cuarta sección quedaron relegados, pese a que allí existían condiciones más favorables para competir.
La falta de planificación derivó en rupturas internas: dos intendentes del PRO, Pablo Petrecca (Junín) y Javier Martínez (Pergamino), optaron por buscar alianzas fuera del oficialismo. Petrecca se inclinó por Somos Buenos Aires, mientras que Martínez selló un acuerdo con el espacio Hechos, liderado por los Passaglia.
Este patrón de improvisación se repitió en otras provincias, como Corrientes, y evidenció tensiones en el círculo de poder. Eduardo “Lule” Menem, señalado en la trama de presunta corrupción en la ANDIS, aparece como responsable de esta dinámica, mientras que Santiago Caputo impulsaba negociaciones con gobernadores e intendentes para contener daños que el presidente acumula desde inicios de año.
El acuerdo con dirigentes porteños del PRO tampoco rindió frutos. Sin el armado territorial que antes garantizaban la UCR y partidos provinciales, aquellos nombres quedaron sin estructura que los sostuviera en los distritos. Tras la disolución de Juntos por el Cambio, la alianza perdió capilaridad y se limitó a exhibir figuras sin arraigo local.
De cara a octubre, el panorama se presenta incierto. Para Milei, este traspié puede marcar tanto el límite del peronismo como el punto de partida para consolidar a los libertarios en la competencia nacional.




