La creciente del río Paraná mantiene en alerta a la localidad correntina de Itatí, donde más de 550 personas fueron evacuadas o se autoevacuaron. Mientras algunas familias reciben asistencia en centros de alojamiento, cerca de 60 continúan aisladas en el barrio Ibiray, donde el acceso a las viviendas depende de canoas y lanchas.
En las zonas afectadas, el agua arrastra ramas, troncos, camalotes y residuos que se acumulan en patios y alambrados. Los vecinos siguen de cerca la evolución del río ante la posibilidad de que vuelva a subir y obligue a más familias a abandonar sus hogares.
Griselda Aquino, integrante de la asociación Nueva Esperanza, acompaña a las familias del barrio y conoce de cerca las dificultades que enfrentan. Margarita, una de las vecinas, explicó que alrededor de 60 familias necesitan embarcaciones para salir de sus casas y recordó la inundación de 1983, una de las más importantes registradas en la localidad. “Cuando fue la inundación del 83, quedó una sola familia acá en el barrio. Hasta nosotros tuvimos que irnos, y eso que es zona alta, pero fuimos los últimos en salir”, relató.
Aquel año, el Paraná alcanzó los 10,13 metros en Itatí. Entre otras crecidas históricas se registraron los 9,31 metros de 1992, los 8,92 de 1998, los 8,62 de 1966, los 8,07 de 2013 y los 7,92 metros de 2015. Estos antecedentes forman parte de la preocupación de los vecinos, aunque la evolución de la creciente actual dependerá de cómo se comporte el río durante los próximos días.
Isabel es una de las vecinas que decidió dejar su vivienda cuando advirtió que el agua avanzaba hacia el interior. Durante la creciente de 2023, el río había llegado hasta el fondo de su casa sin ingresar, pero esta vez la familia resolvió pedir ayuda para trasladarse a un lugar seguro. Desde hace una semana permanece en el Centro Cultural Pocho Roch.
“En 2023, el agua llegó al fondo, pero no entró. Ahora, cuando vimos que iba a entrar, salimos y pedimos ayuda para ir todos a un lugar seguro”, contó. Como otras familias de la zona, espera poder regresar a su hogar cuando las condiciones lo permitan, aunque le preocupa tener que afrontar nuevamente las pérdidas y los gastos que implica cada inundación.
La situación también vuelve a poner en debate las condiciones habitacionales de las familias que viven cerca del río. Roxana, una vecina que vende chipá en bicicleta por las calles de Itatí, contó que dejó de inundarse después de recibir una vivienda. “A mí me dieron mi casa y ya no me inundo más”, expresó.
Sin embargo, algunas familias que fueron reubicadas regresaron con el tiempo a las zonas bajas. Una vecina recordó que después de la creciente de 1998 se entregaron viviendas, pero parte de los beneficiarios las vendió y volvió a instalarse cerca del río. La situación refleja las dificultades para encontrar soluciones habitacionales duraderas para quienes viven en áreas expuestas a las inundaciones.
Mientras continúa la emergencia, los vecinos y los canoeros cumplen un papel importante en la asistencia. Con sus embarcaciones trasladan a personas y llevan agua, alimentos y otros elementos de primera necesidad a los sectores donde el acceso terrestre está interrumpido.
El intendente de Itatí, Francisco Romero, señaló que la reciente bajante representó un alivio para los afectados y para los equipos que trabajan en la zona. “Hubo una bajante ahora, así que es un alivio para la gente que está en esta situación y para el personal que está trabajando”, afirmó en declaraciones a República de Corrientes. No obstante, advirtió sobre la posibilidad de una nueva crecida y aseguró que el Municipio trabaja junto con Defensa Civil.
“Estamos concientizando a las familias de que van a tener que dejar las casas”, indicó Romero, en referencia a quienes todavía permanecen en sectores que podrían verse comprometidos si el río vuelve a subir.
Hasta el momento, las personas evacuadas y autoevacuadas reciben asistencia en tres centros de alojamiento. Además, el Municipio alquiló cinco viviendas para alojar a otras familias. El operativo se desarrolla con la participación del Gobierno provincial, la Municipalidad, el Comité de Emergencia y organizaciones como la fundación Nueva Esperanza, que colaboran con la distribución de mercadería y la atención de los afectados.
Aunque el Paraná bajó algunos centímetros y luego quedó estacionado, la situación continúa bajo seguimiento. Las autoridades mantienen las tareas de asistencia y prevención mientras los vecinos esperan que el nivel del río permita regresar a sus hogares y retomar sus actividades.
Información de Diario Época


