La medida establece un procedimiento de tres pasos: primero, el árbitro advierte sobre la conducta y detiene momentáneamente el encuentro. Si el comportamiento continúa, el partido se suspende durante 10 minutos. En caso de que la situación persista tras la reanudación, se muestra la tarjeta negra y el encuentro queda suspendido definitivamente.
La sanción contempla conductas como insultos, agresiones, empujones y conflictos dirigidos contra niños, jugadores, entrenadores, árbitros u otros espectadores.
El objetivo de la iniciativa es reducir la presión y las conductas violentas de los adultos, y promover que el fútbol juvenil sea un espacio de disfrute y desarrollo para los chicos.
La medida forma parte del programa B.R.A.V.O. impulsado por la Federación Rumana de Fútbol.


