Claudia Díaz, madre de Juana Sirimarco, la niña misionera que murió tras regresar de un viaje de egresada, denunció un caso de «abandono de persona» y responsabilizó a la empresa de viajes, a la maestra y a la escuela donde Juana cursaba el último año del ciclo primario.
Díaz aseguró que su hija no recibió la atención médica necesaria durante el viaje desde Córdoba. Juana se descompuso durante el trayecto y al llegar a Posadas «ya no podía reaccionar».
«Cómo la maestra no se va a dar cuenta que una persona está mal, una niña. Fue abandono de persona y ella la entregó porque ya tenía la presión bajísima, ya no estaba latiendo bien el corazón y estaba somnolienta», lamentó la madre.
Díaz relató que le pidió a la maestra que llevaran a Juana al hospital de Virasoro, Corrientes, pero la docente se negó, argumentando que la atención médica allí era «pésima».
«Si mi hija tenía el teléfono, a lo mejor me iba a decir ‘mamá, estoy mal’ y sé que ella tampoco le iba a pedir a la maestra porque era muy obediente», señaló Díaz.
A la mañana siguiente, Juana le dijo a su madre «Ya no puedo más, necesito bajar». Díaz contactó al padre de la niña, quien se dirigió a la empresa de viajes, pero no encontraron una ambulancia disponible y tuvieron que enviar un auto común con una mujer.
Juana llegó a Posadas y fue trasladada al Hospital Pediátrico Fernando Barreyro, donde falleció horas después por una influenza B combinada con una sepsis.
Las autoridades del Instituto Cristiano República Argentina (ICRA) deslindaron su responsabilidad, asegurando que no participaron de la organización del viaje y que suspendieron las clases para preservar a la comunidad educativa.
El juez Ricardo Balor, de oficio, inició una investigación para evaluar si hubo alguna conducta que deba ser investigada penalmente. La única información que se ha brindado hasta el momento proviene de los médicos.




