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Crimen de Villa Gesell: pabellón común y lejos de sus familias, el peor escenario para los rugbiers

Crimen de Villa Gesell: pabellón común y lejos de sus familias, el peor escenario para los rugbiers

Hasta que se resuelva la apelación de la preventiva, seguirán en la Alcaidía de Dolores. Pero luego podrían pasar a otro sector del superpoblado penal o ir a otra cárcel en cualquier lugar de la Provincia.

Un penitenciario se va a acercar a la reja. Los va a nombrar a los ocho, por apellido y por nombre. Y les va a dar la noticia: «Preparen ‘el mono’. Traslado». Si los rugbiers a los que este viernes el juez de Garantías de Gesell les dictó la preventiva por el crimen de Fernando Báez Sosa​ preguntan el destino, la respuesta será «sin destino». En la jerga, se le dice «mono» a las pertenencias de los detenidos: ropa, zapatillas, equipo de música. Todo suele ser envuelto en una frazada, y se lo carga a la altura de los hombros.  

A partir de ese momento los rugbiers empezaran a notar qué es la cárcel. Subirán al camión que los esperará del lado de adentro de la Unidad 6 y emprenderán viaje hacia la Unidad 29 de Magdalena. Al menos eso es lo que dice el protocolo, lo que vive la gran mayoría de los detenidos.

Mientras no se confirme la apelación de la preventiva, los rugbiers seguirán en la Alcaidía de Dolores. Y si la Cámara ratifica la decisión del juez, ahí se efectivizaría un traslado a otra unidad del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) o incluso podrían quedarse en Dolores -una de las cárceles más superpobladas del SPB- en una celda con presos comunes. 

Si se efectiviza el traslado a otro penal, en el camión pueden compartir viaje con mujeres y hombres, de 18 a 70 años. El azar determinará si conviven con presos conflictivos y multireincidentes o primarios de buena conducta. Puede que en el viaje sufran el robo de sus pertenencias. O que les saquen las zapatillas y les entreguen las que lleven puestas otros detenidos, siempre en peor estado.

En la Unidad 29 de Magdalena pasarán 24 horas. Estarán rodeados por internos en su misma situación. O en una parecida: recién llegados de comisarías del Conurbano Bonaerense, y a la espera de un destino definitivo: las opciones son cerca de 50. De allí, en otro camión, irán al Juzgado, donde se les notificará la unidad que los espera.

Los primeros días en su nuevo destino estarán en un pabellón de «Tránsito». Así se los denomina. Durante ese proceso serán atendidos por un médico que verificará si están golpeados o no al ingresar. «Revisión Corporal», se llama esa oficina. El segundo paso será una charla con el psicólogo del sector. Se supone que los ayudará a descargarse un poco y a contener los miedos y nervios.     

Otro paso estando en el pabellón de «Tránsito» es una reunión con el jefe del penal. «¿Qué piensa hacer en esta unidad?», es la primera pregunta. Se referirá a si quieren estudiar, si quieren trabajar y hacer buena conducta o vienen con intenciones de ingresar a los pabellones «villa», que son los que reciben a los de peor conducta. Además, se interiorizará sobre la causa personal y la situación social del detenido. El fin es evitar conflictos: si el «ingreso» llegó por una violación, o es policía, o es gay, o mayor de 50 años, o sufre enfermedades contagiosas, no deberían ir a población común.

Si son primarios, por lo general, y siempre que haya cupos disponibles, les tocaría un pabellón de detenidos en su misma situación. Y si son reincidentes, lo mismo: irán con los reincidentes. En esa entrevista el interno puede advertir que tiene problemas con una persona que se encuentra alojado en un pabellón, y que prefiere evitar ese sector, por su seguridad. Es algo muy común.  

A partir de esa reunión el jefe y sus asistentes irán definiendo el pabellón que les tocaría. En el ámbito del Servicio Penitenciario Bonaerense no existe el «Resguardo Físico» (para no cruzarse con otros detenidos), como si lo ofrece el Servicio Penitenciario Federal. La única opción son «los buzones»: celdas de 2×2. Pero estando allí no podrían salir a actividades culturales o deportivas, ni a estudiar, ni a trabajar.

El último paso es otro médico, que le preguntará al detenido si consume o necesita medicación y le contarán los dientes y revisarán el estado de cada uno, entre otras cuestiones. Después de esos cuatro pasos, el interno ingresará al pabellón que «la Junta» le designó. En el caso de los rugbiers se cree que serían de evangelistas (en la jerga se les dice «hermanitos»), primarios o deportistas (aunque la opción existe en muy pocas unidades). 

A lo largo de la condena podrán ser traslados a distintas unidades. Si bien el abogado hizo el pedido de traslado a la Unidad 57 de Campana por «cercanía familiar», la página del SPB informa que ese lugar «aloja exclusivamente internos jóvenes adultos, entre 18 y 21 años, de sexo masculino, que estén cumpliendo una pena menor a los cinco años de reclusión, relacionada con delitos como robos, hurtos o encubrimientos», por lo que los rugbiers no cumplirían con esas condiciones. Además, la gran mayoría de internos pide lo mismo, para que las visitas de sus familiares sean más frecuentes. Pero lo cierto es que en el estado de superpoblación de las cárceles bonaerenses, hay presos del primer cordón del Conurbano en las unidades de Junín, Batán, Urdampilleta, Sierra Chica, General Alvear y Bahía Blanca, entre otras.

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